lunes, mayo 05, 2008

TREN A "NARIZ DEL DIABLO" - RIOBAMBA


















RIOBAMBA - ALAUSÍ - NARIZ DEL DIABLO - ALAUSI 112 Km.

EN TREN: MIÉRCOLES, VIERNES Y DOMINGOS
Punto de partida: Estación de Riobamba 07:00
Costo del pasaje: $11.00
Retorno Estación Alausí: 13:h00 $3,40
Compra de pasajes: Estaciones respectivas.
EN AUTOFERRO
De acuerdo a requerimiento o reservación.
Estación de Riobamba



El tercer día en los Andes lo utilizamos para hacer uno de los viajes más estupendos para los niños: Viaje en tren subiendo hasta la mismísima “Nariz del Diablo”.
El recorrido consiste en una larga ( 6 horas) y escalonada subida hasta unos 4000 metros de altura, en total 112 km, que si se hace como es preceptivo, ósea subidos en el techo del tren, es algo que no se olvida en la vida.
El tren sale los miércoles, viernes y domingos desde la estación de Riobamba a las 7 de la mañana. Debe comprarse por lo menos el día antes en la propia estación ya que te puedes quedar sin billete si lo dejas para el mismo día. El precio es de 11$ desde Riobamba a Nariz del Diablo, pero como nadie se queda en medio de la montaña, hay que volver a Alausí, este retorno son 3.40 $ más, en total unos 15$.
Hay que estar allí por lo menos una hora antes (6 de la mañana) para coger buenos sitios.
Una de las curiosidades de este viaje es que casi todos los nativos van dentro en los vagones y todos lo extranjeros encima del tren. Cosas del turismo.
En la parte de arriba del tren se coloca la gente mirando hacia un lado del tren o a otro, a semejanza de la jerga marina a babor o a estribor, de tal manera que los que miran a babor o izquierda dan la espalda a los que lo hacen a estribor o derecha. A su vez se apoyan los pies en unas “barandillas de hierro de unos 15 centímetros de alto. Aclarar que los mejores sitios son aquellos que miran a estribor o derecha mirando a la dirección de la marcha, ya que cuando se llega a la “Nariz del Diablo” los diversos barrancos precipicios y mejores vistas están a la derecha. La gente que sabe esto ocupa rápidamente estos sitios. Pero si uno llega a la estación y no sabe cual es la cabecera del tren, digamos que estribor (el lado bueno) es el lado contrario al que se sube al tren, ósea el lado contrario al anden de acceso.
Bueno volviendo a lo nuestro. Nosotros solo habíamos sacado billetes para los dos niños mayores: Miguel y Pablo y para mi. Ya que este tren a parte de salir a las 7 de la mañana, “nos exigía” estar allí una hora antes y levantarnos a la 5 para llegar a tiempo. No era factible por lo tanto para el pequeño Hugo de solo 14 meses, y aunque pensamos en la posibilidad de que su madre y el fueran dentro de los vagones del tren, al final lo descartamos y ambos se quedaron durmiendo y disfrutando de un placentero descanso en el Troje.
A las 5 de la mañana sonó el reloj, y tanto a los niños como a mi nos costo bastante despejarnos. Pero ante lo que nos esperaba pronto nos animamos. En el troje nos prepararon unos desayunos en bolsas, que más adelante nos zamparíamos con gusto.
Todavía era de noche cuando llegamos a la estación de Riobamba a las 6 de la mañana, subimos a los vagones y ya había algunos turistas sentados. Nos colocamos en la parte buena ( mirando hacia la derecha en dirección de la marcha).
Mientras esperábamos un vendedor pasó ofreciendo desde el andén gorras de maquinista, nadie le hacía caso, pero a Pablo se antojó una, y aunque no le suelo dar todos los caprichos a mis hijos, dada la ilusión que les hacia la gorra y ver sus caras ilusionadas y un poco más despiertas fue suficiente para ceder. Después de un leve regateo esta gorra descansa para siempre en nuestra casa.
Tras de casi una hora esperando y con las primeras luces del día el tren empezó a andar lentamente, a esa hora el tren iba completamente lleno en su parte superior.
Según avanzábamos notábamos como el viento frió abrazaba nuestras caras, aire de los Andes de la cordillera americana. Los niños se miraban con complicidad y reían ante lo que les esperaba.
A un ritmo suave el tren fue dejando las últimas casas del pueblo, y fue adentrándose en verdísimos valles, cruzando ríos, túneles de roca y paredes. De vez en cuando nos regalaba el tren imágenes maravillosas, un labrador con su saco a cuestas, dos mujeres con sus ponchos rojos difuminadas entre los cultivos de maíz, tierras de cultivo en quebradas inverosímiles, un rió de llamas “volando” al lado del tren, un grupo de niños saludando brazo en alto desde un tronco que atraviesa el río. Todas estas imágenes eran fotos imposibles y maravillosas con apenas tiempo para asimilar cada estimulo visual mezclado con olores de campo, roció a la sombra de los volcanes y con el sabor de la aventura y de un momento verdaderamente mágico. En “vuelo” sobre tierras andinas, desde arriba, justo al borde del tren la sensación era de flotabilidad sobre campos de heno y barrancos sobrevolados entre nubes, a veces encima otras debajo y en ocasiones dentro de ellas.
Llovía y no, salía el sol y no, hacía frió y calor. Poco a poco el sol fue calentando más y tuvimos que desprendernos de nuestros abrigos y aprovechamos también para desayunar. Abrimos las bolsas que el hostal el Troje nos había preparado. Y comimos con ganas un par de sándwiches y una buena cantidad de fruta.
En el tren se hablan todos los idiomas, se escuchan expresiones de asombro en todos los idiomas, inglés, francés, alemán, danés, español… y entre los turistas vendedores de “vielas” (cervezas) en equilibrios temerarios, o los que ofrecen rebanadas de plátanos secos o deshidratados a modo de bolsa de patatas. Y que decir del revisor, el más temerario de todos los andarines del techo del tren, pidiendo manitas de turistas a las que se va agarrando mientras progresa por el borde del tren de espaldas a barrancos y comprobando la validez de los tickets de los asombrados turistas.

Y llegamos a nuestra primera parada en el municipio de Guamote, un pequeño pueblo andino donde tenemos 20 minutos para comprar a los múltiples vendedores que se acercan al tren o para ir al baño.
El pueblo de Guamote es uno de los 10 cantones de la provincia del Chimborazo, en la región central del Ecuador. Está situada a una altura de 3.350m.
Después de esta parada y con un par de bolsas de plátanos deshidratados reemprendemos la marcha hacia Alausí
Desde Riobamba a Alausí – Nariz del Diablo se recorre un total de 116 kilómetros a ritmo de 40 Km hora. Llegando ya a Alausí pasamos por barrancos y precipicios de caídas gigantescas. El rió Chanchán se ve pequeñísimo, casi como un hilo debajo de nuestros pies. Miguel y Pablo dan pequeños gritos de asombro ante tales precipicios al estilo de unos americanos que tenemos al lado, todo se pega.
Después de un nuevo descanso en Alausí nos queda la parte fuerte del recorrido, el impresionante descenso de la Nariz del diablo, llamada así porque una de las formaciones rocosas se asemeja a una nariz y por su endiablado y dificilísimo recorrido. De hecho se considera este como el de más dificultad del mundo ya veremos porqué.

En un momento determinado del recorrido el tren debe ser capaz de llegar a ese hilito que veíamos del río Chanchán y ponerse en paralelo a el en su orilla derecha. ¿Pero como vamos a bajar 800 metros con una pendiente que es prácticamente una pared?.
En su momento muchas vidas de obreros costo abrir la roca a base de dinamita para conseguir “empotrar” en las mismas varias series sucesivas de vias en zig-zag. De manera que el tren hace un tramo para adelante del primer zig-zag y retrocede de culo para el segundo. Así sucesivamente para descender hasta la base al lado del río Chanchán, a la estación abandonada de Nariz del diablo hoy en día en ruinas. Allí estuvimos 30 minutos, nos bajamos del tren y aprovechamos para estirar las piernas y hacernos unas fotos. Después ascenso en Zig-zag y vuelta a Alausí, donde se puede volver a Riobamba en autobús o taxi, nosotros apalabramos un taxi para llegar antes, ya que después de 6:30 en tren no era momento para una vuelta pesada en autobús.
Atrás quedo una obra de ingeniería ecuatoriana prodigiosa, que hace que un tren pueda descender y ascender la temible y mítica Nariz del Diablo. Aun después de varios años Miguel y Pablo que entonces tenían 7 y 10 años, recuerdan como uno de los momentos mágicos, únicos y espectaculares su paso por la “cubierta” de este maravilloso tren.

2 comentarios:

susana dijo...

Me encanta vuestro blog.
Queremos hacer un viaje similar con 2 niños de 1 y 3 años y me encantaria me aconsejaras sobre algunas cosillas.
¿Cuanto tiempo fuisteis?
¿El billete a Quito con que compañia lo cogisteis y por cuanto?
¿Vivis en Madrid?

Gracias,
Susana

Miguel Ángel dijo...

Hola Susana,
Gracias por los piropos.
Creo recordar que estuvimos 15 días en Ecuador. El vuelo lo realizamos con Iberia; entonces con Hugo tan peque preferíamos un vuelo directo. Seguramente hoy en día hubiéramos cogido alguno con escala que sale más económico, incluso con un niño tan peque. Y sí, vivimos en Madrid