lunes, mayo 05, 2008

RIOBAMBA

















Volvimos de Galápagos a Quito con escala en Guayaquil, al día siguiente viajaríamos a los Andes, teníamos reservado unas habitaciones en la mítica Riobamba, centro neurálgico de cualquier movimiento que se quiera hacer por allí.
Después de mucho buscar por Internet encontramos este maravillosa hostería llamada El Troje, sin duda uno de los mejores aciertos del viaje.
http://www.eltroje.com/
Pero no nos adelantemos, primero tuvimos que llegar hasta allí. El traslado hasta Riobamba apalabramos un coche todo terreno con un conductor hermano de una ecuatoriana que conocíamos en España. Este fue uno de nuestros errores de Ecuador. El hermano nos cobro unos 110 euros de 2003, que nosotros interpretamos como un buen precio para los 5 en un vehiculo privado. Al final resulto ser un viaje un poco tortuoso, primero porque nada más salir el conductor tuvo que parar una hora a repara un pinchazo. Nunca hay mal que por bien no venga, ya que los peques sobre todo miguel y Pablo estaban extasiados viendo trabajar de una manera totalmente artesanal a un arreglador de pinchazos. El segundo inconveniente que tuvimos fue que el conductor venia acompañado de la hermana de este que por lo visto era la que si sabia ir a Riobamba, y claro un poco apretujados si fuimos los siete en ese coche. Al final pudimos comprobar como los dos tenían serias dudas a partir de la mitad del viaje por lo que deducimos que ninguno había estado en Riobamba antes. Pero esto no fue el mayor inconveniente, ya que a pesar de todo nos tomábamos todo a con cierto humor y como parte de la aventura, pero lo que no era una aventura era el tráfico y las carreteras de Ecuador, malas carreteras nacionales que de repente tenían un socavón de varios metros y el tráfico debía de pararse por completo. Por otra parte allí se conducía de cualquier manera, se adelanta por la derecha, izquierda, arcenes, tres adelantando a la vez de un lado y dos del otro, se apura muchísimo los adelantamientos.
Este tipo de conducción ya la conocíamos de países con poco desarrollo “urbano”, así que le dimos un toque al conductor para que se amoldara a nuestra manera de conducir.
Desde ese día los viajes terrestres largos entre ciudades en cualquier país los hacíamos en la parte trasera de los autobuses o en taxis que siempre tienen un conductor que conoce las carreteras.
A la vuelta volvimos en autobús de línea, tardamos mucho menos, salio mucho más económico y cogimos los siete últimos asientos del autobús para meter el equipaje en los dos asientos sobrantes, este último detalle tiene la ventaja de que no te pueden desaparecer las maletas en las múltiples paradas que hace el autobús hasta llegar a su destino.
Llegamos al la hostería El Troje situada a las afueras de Riobamba sobre las 8 de la noche (allí anochece a las 6:30 todo el año), en ese momento había una fiesta alrededor de unas hogueras en los inmensos jardines del establecimiento, donde participaban con entusiasmo un grupo de franceses, y donde rápidamente se unieron Miguel Pablo y Hugo, este último venia dormido, pero viendo que sus hermanos bailaban alrededor de las hogueras se unió al jolgorio entusiasmado.
Aunque de noche no se apreciaba el tamaño del recinto ya se adivinaba que era descomunal, a modo de cortijo.
Casi toda la población de Riobamba es más pobre que la de Quito, las casas pequeñas y bajitas, la gente de condición más rural, de hecho cuando entramos la primera vez a Riobamba pensamos que el Troje no sería mucho mejor que lo que veíamos a los lados de la calle.
Pero el Troje resultó ser mágico, era una especie de cortijo en plenos Andes, y nos enteramos después de que allí se reunían incluso ministros del país.
La comida estaba bien y había habitaciones de varios tipos situadas en construcciones de una planta con un encanto especial. Nosotros nos alojamos en una habitación de estilo rústico de cuatro camas.

Después de cenar nos acostamos, pero no fue hasta el día siguiente a plena luz del día cundo pudimos apreciar el paraje tan increíble donde estaba situado el Troje. Desde el establecimiento situado en un valle precioso de los Andes, se veía el volcán nevado del Chinborazo ( 6.384,4 m ) situado a pocos kilómetros de Riobamba, el complejo además tenía muchas zonas verdes y sus propios animales, entre ellos guacamayos en los árboles, llamas y un par de galápagos gigantes, si, habéis oído bien, galápagos gigantes en los Andes. Los niños se volvieron locos de alegría jugando con todos estos animales, sobre todo por que los encargados del hotel nos dejaron toquetear a los galápagos, ya que en las propias islas no nos dejaron tocar a los mismos, como debe ser. Pero esta ocasión no podíamos perderla. El troje era el paraíso para los niños y un centro de partida para cualquier excursión que se quisiera hacer por los Andes.
Miguel Pablo y Hugo no pararon de visitar la diferente fauna del hotel, además el encargado de enseñar estos animales era un niño de 15 años, del que pronto se hicieron amigos nuestros hijos.
Al día siguiente alquilamos un taxi por un día entero y fuimos a visitar las faldas del volcán Chimborazo, pero antes pasamos por la estación de tren de Riobamba para comprar los billetes del famoso trayecto que nos llevaría al día siguiente a la legendaria “Nariz del Diablo”. Es importante sacarlos el día antes porqué si no te quedas sin billetes.
Según te acercas al Chimborazo se deja la carretera y se llega a un camino muy árido donde todavía quedan unos cuantos kilómetros, en un momento dado el coche paró porque había una especie de puesto de control con tres personas que no dejaban pasar hasta la base de la montaña si no pagabas un dinero concreto, después de ciertas discusiones decidimos pagar a pesar de que no teníamos muy claro la legalidad de la situación. El coche llego hasta las faldas del Chimborazo, exactamente al refugio de los Hermanos Carrel situado a 4800 metros de altura. Allí en las faldas de la montaña se amontonan decenas de lápidas de personas que murieron en este coloso de los Andes.
Por allí estuvimos paseando por los alrededores una hora y notamos algo los efectos de la altura, dolor leve en las sienes y cierta pesadez. Tengo que decir que nosotros llevábamos unos cuantos días por Ecuador y estábamos aclimatados ya a la altura de Quito (2850m) y a otras zonas más altas, por lo que pudimos ir con cierta seguridad a esta cota de 4800m, en una estancia breve y pasiva. Yo por mi parte subí 15 minutos sendero arriba para probar sensaciones, y la verdad es que no se me hizo excesivamente pesado el paseíto. En otra situación sin los niños tan peques hubiera guardado para mi algún día para subir a este precioso volcán.

Este día fue muy especial porque en el taxi que nos llevo todo el día por cadenas montañosas de los andes, a veces asfaltadas, a veces no. De vez en cuando parábamos en pueblecitos pequeños para hablar con los indígenas, casi todos dedicados a faenas de campo con sus coloridos ropajes andinos. Otras veces le decíamos al conductor que parara en una ladera de la montaña para ver una manada de llamas, o hablar con las mujeres que faenaban en la escarpada montaña con su poncho rojo y su peque a la espalda.
El recorrido fue tranquilo y a nuestro ritmo, a estas alturas del viaje les resultaba fácil conciliar el sueño a los niños entre tramo y tramo.
Llegamos al Troje para cenar y quedamos al día siguiente con el taxista para ir a Baños.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Saludos!

Le agradeceria mucho si me dice cuanto cobran los taxis por un dia? Muchas gracias. mi email es ronaldb15@hotmail.com